El malestar emocional es tan intenso que capta tu atención, y pareciera que lo que tienes que resolver es eso: el dolor en el pecho, las ganas constantes de llorar, la angustia. Pero por más que tratas de evitarlo, sigue ocurriendo. Eso que sientes podría ser una señal de humo de tu cuerpo avisándote que algo está mal.
¿Por qué no funciona centrarnos en el malestar emocional?
1. Porque si sólo tratas de disminuir el malestar emocional (la tristeza, la ansiedad), pero no conoces el origen, probablemente regrese con más intensidad, ya que la condición detonante va a seguir apareciendo en tu vida y vas a seguir sin saber cómo afrontarla.
2. Muchas veces el malestar emocional incrementa cuando pones más atención en lo mal que te sientes. Cuando ves un objeto con detenimiento y atención, logras identificar más detalles. Por unos instantes, lo que estés viendo con atención se convierte en tu foco principal y el resto del entorno pierde importancia, ¿cierto?
Eso mismo ocurre con tus síntomas físicos, cuando te centras pensando en lo difícil que te está resultando respirar, en lo oprimido que sientes el pecho, en lo mucho que te duele el estómago o la cabeza, probablemente tu dolor se intensifique por el nivel de atención que le estás poniendo. Ojo: si es un síntoma físico recurrente, sería importante que te hagas un chequeo médico para descartar que se deba a alguna condición de salud física.
¿Qué sí funciona?
1.- Reconocer tus emociones. A veces, tratamos de disminuir la importancia de un asunto y por ende, negamos que algo «tan simple» nos haya hecho sentir «tan mal». Tal vez crecimos en un entorno donde nuestras emociones no eran validadas, o creemos que una forma de «no ser una carga» es no hablar de las cosas que nos incomodan. La mala noticia es que negar las cosas no las desaparece. No nombrarlas, no las desaparece. Sólo las convierte en sombras incomprendidas que pasan a causar otros estragos en nuestras vidas, sin identificar claramente qué son, de dónde vienen o qué nos quieren decir.
Permítete nombrar tu emoción. «Me siento triste, porque no he visto a las personas que quiero en mucho tiempo». «Me siento enojada porque siento que doy más en esta relación que lo que recibo». «Me siento ignorada, siento que no me ven». Al nombrar tu emoción, la parte de tu cerebro encargada del procesamiento emocional, la amígdala, volverá a la calma y probablemente el síntoma que te incomodaba cobre sentido. Con este sencillo paso, inicia el camino de la regulación emocional.
2.- Conecta con tu respiración.
Pero no para presionarla notando lo tensa que está. Vacía tus pulmones e inhala despacio llevando el aire hacia tu abdomen mientras tratas intencionalmente de relajar tus hombros. Guarda el aire unos segundos como un tesoro, y suéltalo despacio mientras relajas cada vez más todo tu cuerpo. Puedes encontrar ejercicios de respiración más específicos en YouTube. Prometo grabarte alguno más adelante 😉
3.- Identifica qué puedes hacer para cambiar la situación que te molesta, o bien, si necesitas poner límites. Aceptar que no tenemos el control de todo, nos permite centrarnos en trabajar y avanzar en lo que sí nos corresponde. Abraza con gratitud la parte que te toca, y suelta con aceptación la parte que está más allá de tus manos.
Estos pasos simplificados, te pueden guiar por un camino donde tus emociones no sean un misterio o un caos que escapa de tu control. Tus emociones te están indicando que algo está pasando, ya sea con tu cuerpo, con tu entorno o con tus pensamientos acerca de todo lo que estás viviendo. Es hora de escucharlas, nombrarlas y reconocerlas como parte de tu vida, no como un síntoma que viene a incomodarte.
Recuerda que puedes buscar ayuda profesional si tu malestar persiste.
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Hasta la próxima.
Con cariño, Tannia Álvarez.
